Alguno de los políticos triunfantes en las últimas elecciones han prometido que van a gobernar con humildad. Esta manera de hablar es ciertamente nueva. No es frecuente que los políticos utilicen esta importante palabra. Hablar de humildad, en todo caso, cuesta poco. -Pero ¿qué es humildad?, para que nos podamos entender. Veamos algunas definiciones: La humildad es a menudo un artificio del orgullo (Rochefoucauld); La verdadera humildad consiste en estar satisfecho (Amiel); La humildad es la manera de los cobardes de parecer algo (Multatuli); La humildad nace de la confianza en los demás (Hammarsjold)... ¿Qué tenían en su mente algunos políticos de baratija, algunos alcaldes electos, cuando prometieron que iban a gobernar con humildad?
Por si le sirve de algo al humilde prometedor, y en general a los políticos, traigo aquí la definición de humildad que nos dejó santa Teresa de Jesús: “Humildad es andar junto a la verdad”. ¿Quién anda junto a la verdad? El que es de la verdad, como diría el propio Jesucristo. Es decir, aquel que lleva su alma abierta, como velas desplegadas, al viento de la verdad. Aquel que no está interiormente condicionado por razonamientos, parcialismos excluyentes, fobias o filias, venganzas o mariconadas. Es de la verdad quien es capaz de reconocer la verdad en otra persona, en cualquier persona, en los simpáticos y en los antipáticos, incluso en los mismos enemigos.
Es de la verdad aquel cuya actitud es la del mendigo de porciones de verdad, de pequeñas o grandes luces de verdad. Es de la verdad quien descubre la verdad de los otros, la valora, la difunde y se alegra haciéndola propia. No puede ser humilde el político que no es capaz de reconocer la verdad, algo de verdad al menos, en sus adversarios políticos. Que renuncie a gobernar con humildad todo aquel que sistemáticamente niega la existencia de algo de verdad y bondad en la acción política de los que son distintos o contrarios.
Humildad es andar en verdad, porque quien entra en estos caminos, los humildes caminos de los hombres buenos, practica la sinceridad. ¿Puede ser humilde el mentiroso, el que piensa una cosa y dice otra? No va contra la humildad, ciertamente, quien ocasionalmente es impreciso o suelta alguna mentira inevitable, piadosa. En este sentido, el que esté libre que tire la primera piedra. Lo que va contra la humildad radicalmente es instalarse en la mentira, vivir en estado de mentira. ¿Cómo va a ser humilde quien ha identificado sus palabras con lo que no es verdad, con lo contrario de lo que es verdad, con la misma calumnia? ¿Cómo van a ser humildes los políticos que han convertido la falsedad, en todos sus modos y maneras, en la gran palanca de sus propagandas? Miente, difama, calumnia, ¡que algo queda! Los grandes sofistas de los tiempos modernos se identifican con los grandes totalitarismos contemporáneos. Los políticos que han tomado como arma en sus estilos la mentira, se han constituido en destructores de la democracia. La humildad política alimenta la democracia. La mentira la carcome, la dinamita.
Anda en verdad quien hace lo que dice, quien cumple lo que promete, quien es coherente, auténtico, honrado.
Es hipócrita todo aquel que dice una cosa y hace otra, y es farsante quien se desborda en promesas sin intención alguna de cumplirlas, y es estafador del pueblo quien, mintiéndole, trata de dominarle, de someterle mental y prácticamente. Todo mentiroso es cobarde o demagogo. En definitiva, es un creador de esclavitudes. Es un personaje indigno de todo crédito. ¿Cómo se va a creer a una persona que, sistemáticamente, difama su propia dignidad con sus comportamientos de vago, de vividor y hace cosas reñidas con la virtud, con lo que dictan los valores y la ley? Si el mentiroso no es digno de crédito, menos lo es el hipócrita, el que ha reducido la honradez a barro pisado. Anda en verdad quien, como compromiso básico y firme, trata de cumplir y vivir lo que promete y dice.
Todo político que bajo apariencias de servicios generosos al pueblo, busca sus intereses, está engañando al pueblo. ¿Cómo va a andar en verdad, cómo va a ser humilde el político que hace todo lo posible por someter a sus ambiciones el pensar, el decir, el hacer y el decidir del pueblo? ¿Cómo va a ser humilde quien no tiene en cuenta el bien común, el bien de todos? Gobernar con humildad requiere y exige la más sincera búsqueda del bien de todos y cada uno de los ciudadanos. Exige por tanto practicar la justicia, como realización del bien común. Exige asimismo respetar al pueblo, escucharle, promover su participación en el quehacer público. Exige por último decir la verdad al pueblo siempre, para que el pueblo bien informado pueda orientar sus decisiones y actividades hacia el bien de todos.
¿Puede haber buena política sin humildad, sin andar en verdad? ¿Puede haber democracia sin humildad en los políticos? ¿Qué entenderán por humildad los políticos que hablan o prometen gobernar con humildad? ¿La humildad será para ellos un artificio de orgullo, o una manera cobarde de parecer algo, o un modo de estar satisfechos?
Despierta Ñuble, no todos son humildes, no todos caminan con la verdad.
Escribió para Tejemedios:
MARIO HUNKEL VENEGAS
Sociólogo chillanejo
Pontificia Universidad Católica