Hace un tiempo la tuve oportunidad de asistir, en la localidad de Quintero, a una rueda de consulta pública en relación al ante proyecto de ley norma de emisiones para fundiciones de cobre y fuentes emisoras de arsénico, a cargo de la autoridad ambiental. La jornada trató acerca de las restricciones a que serán sometidas las emisiones de dióxido de azufre y arsénico que abundan en el aire, el agua y el suelo de algunas geografías del País. Elementos responsables de una toxicología carcinógena crónica, acumulada durante décadas, que ha condenado a la muerte a generaciones completas de trabajadores y pobladores aledaños a las usinas de fundición de cobre y plantas de ácido sulfúrico. Chile es un país minero… y también de enfermos crónicos.
Los habitantes de Quintero y Puchuncaví se preguntan si alguna razón o fuerza benévola les devolverá la frondosidad y fertilidad de su antiguo valle… si los peces volverán a salir a raudales desde el mar… si los jóvenes volverán de su exilio a vivir de vuelta al seno de su comunidad… si los viejos intoxicados cancerígenos podrán morir en paz… si pervivirá su estirpe y memoria. Los técnicos responden con el cuño de un extraño e ininteligible futuro… eluden la corresponsabilidad Histórica del estado… la fantasmagoría de este inunda la atmosfera de la consulta pública, colmando de carga científica y crudo realismo la desolada conciencia de esta tragedia.
En Chile hay siete fundiciones de cobre con planteles químicos y minero industriales de toda naturaleza aglomerados en su entorno. De su renta y ganancias han participado, cual más cual menos, privados y también el Estado. Indistintamente, desde la nacionalización del recurso hasta la restitución de la propiedad de este al capital transnacional se ha duplicado, en millones de toneladas, la fundición de concentrado… indistintamente también, las comunidades se han aglomerado en los márgenes de los polos mineros contribuyendo a la acumulación de valor con fe en el progreso, sus pulmones y otros órganos humanos.
Transcurre la reunión en medio del frío, la desorientación y el tedio… irrumpen de pronto un par de dirigentes sindicales de la Fundición Ventanas, aún de propiedad de CODELCO. Interpelan a los técnicos y a los asistentes de modo amenazante; no permitiremos que cierren la fundición… no permitiremos que liquiden nuestras fuentes de trabajo… no permitiremos que por el medio ambiente nos echen a la calle… no permitiremos que nuestra comunidad se vea afectada… no queremos un pueblo fantasma… no permitiremos que secuestren las faenas… defenderemos hasta las últimas consecuencias nuestro derecho al trabajo digno, Aquí en nuestro Quintero y nuestro Puchuncaví
¿Qué hay tras esta paradojal escena?
Hace un par de meses atrás el vicepresidente ejecutivo de la minera estatal amenazaba en conferencia de prensa y a nombre de la minería Chilena, cual pontífice, que de avanzar en leyes restrictivas como estas, se verían obligados al cierre de planteles con graves consecuencias en los dispositivos de control del precio del cobre en el mercado mundial (amenazas de las ventajas comparativas del proceso fundición en China) y en las finanzas del País. ¿Qué hace que los trabajadores asalariados y sindicalizados, antagonistas naturales a la fuerza expoliadora del capital, alinien los intereses de la clase a la estrategia y la táctica patronal?
¿Por qué la aguda tensión del medio ambiente, la ecología y la calidad de vida no es reconocida y legitimada en el discurso de los trabajadores convencionales?
¿QUÉ SE DEDUCE?
Se deduce, por lo tanto, que mientras el movimiento de la clase obrera no aprenda a enfrentarse a esa capacidad burguesa de dominar el espacio y producirlo, de dar siempre forma a una nueva geografía de la producción y de las relacione sociales, siempre jugará desde una posición de debilidad más que de fuerza. De la misma forma, mientras este movimiento no acepte las condiciones y diversidades geográficas, además de Históricas, de su propia existencia, será incapaz de definir, articular y luchar por una nueva alternativa socialista real al dominio capitalista. Con todo, el capital en el contexto globalizador no ha podido lograr subsumir lo real a su esencia homogeneizante. La lucha emancipatoria deberá superar atavismos arcanos y categorías igualmente homogeneizantes que las del proceso capitalista, resistiendo a la fragmentación en base a una unidad global maciza fundada en la fuerza y la esencia heterogénea.
¿Qué hace la diferencia entre el antagonismo ecológico y ambiental de una pequeña comarca y su fundición de cobre al sur del mundo, respecto de una remoción en masa por degradación de suelo en una barriada de Brasil o Bangladesh o respecto de la lucha por la dignidad y la sobrevivencia de mujeres trabajadoras de una maquila en un villorrio centro americano?
La toxicología crónica de Quintero – Puchuncaví por arsénico y dióxido de azufre es un ejemplo de cómo se imbrica progresivamente en la escala local la red del espacio capitalista global total de hoy. No sólo condensa la geografía de la mega apropiación planetaria del valor, sino que además escenifica la absoluta alienación de la vida misma. Es en esto último, la tragedia global del flujo de la vida, en que solidariza con las infinitas geografías, de opresión y también de esperanzas, esparcidas por el planeta.
La situación ecológica y humana de Quintero y Puchuncaví, no sólo es la derivada sacrificial de un largo proceso Histórico de obtención de beneficios y renta, del crecimiento, del PIB per cápita y del ensanche en la base de la riqueza que permita incorporar más y más trabajadores asalariados.
Hoy, es también la constitución global de una localidad en una red de geografías símiles y disímiles, en que el capital “evanece” todas los contornos conocidos del mundo del trabajo, penetrando inmoralmente hasta el cuerpo de los ciudadanos habitantes, inculcando en el intertanto las reglas que todos deben seguir.
Escribió para Tejemedios:
MARIO HUNKEL VENEGAS
Sociólogo chillanejo
Pontificia Universidad Católica